miércoles, 16 de junio de 2010

EL MUNDIAL DE FÚRBOL, O MERIENDA DE BLANCOS

Debo ser el enésimo plumífero que se atreve a asperjar unas gotas de vitriolo sobre el magno acontecimiento que estos días se está llevando todas las cuotas de pantalla –y de neuronas supervivientes- del país: el mundial de fútbol en Sudáfrica. Imagino que no estarán jugando en los townships, esos infinitos y laberínticos arrabales de chabolas entre mierda, fango, cadáveres de ratas, serpientes, tarántulas, basura y otras cosas exquisitas, de las que perfuman el tocador de la tía Gloria, la de los collares y la alacena modelo refugio antiatómico y los mil euros mensuales en cremas tonificantes. Debo ser, sí, el enésimo cronista del absurdo que se lanza sin complejos a la piscina: que sin panem et cicenses, que si tal que si cual, Pascual. Total: el país está tan bien, en manos tan solventes, que para qué preocuparse de sacarlo adelante. Primero el ocio y luego el negocio, que como es de recibo, hay que dejar en manos de papá Estado, mientras los niños y las niñas se sientan hipnotizados ante el televisor para evadirse de realidades ingratas y atrabiliarias que producen indigestión a los que han conseguido comer ese día (a otros no los atienden en Cáritas o el párroco les niega ayuda porque la niña, que no tenía para condones, se ha quedado embarazada: cosas de la crisis). Y es que la cosa está muy mala, que dicen los castizos y los del canal Intereconomía, esos que se quejan de sufrir un complot por parte de los medios de izquierda: me pregunto a qué izquierda se referirán, si en realidad hoy en día todo es derecha neoconservadora y ultraliberal, incluyendo a los sindicatos, que ya no negocian otra cosa que la cantidad de vaselina a utilizar por los trabajadores a la hora de la siempre bienvenida sodomía empresarial. No, hombre, no: cómo nos van a quitar el fútbol/fútbol, patrocinado y pagado con un hermoso tanto por ciento de los beneficios que el ciudadano medio se deja en cervezas o telefonía móvil. Es usted un fascista y un moralista y un reaccionario, don Miguel. Que hay que aprovechar estas tardes tan fresquitas de junio en que no hay ni moscas en la calle para zambullirse en la gloriosa marea roja de la selección española de fútbol, que la parienta está muy jodida y los niños insoportables porque no hay dinero para una nueva PlaySatation, y mire usté, ya no me llega para un coche más grande que el de mi vecino, porque resulta que me he quedado en paro. Lo cual que me voy a zampar todos los partidos del mundial antes de que tenga que vender la tele de plasma para emigrar a Dubai y trabajar construyendo rascacielos por 600 euros al día, como dijo ese buen hombre al que detuvo la policía por incomprendido, ya sabe usted que lo que sale en la tele va a misa, don Miguel. De modo que dedíquese a lo suyo, que es releer al Plutarco ése, y déjenos disfrutar hozando como cerdos en la inmundicia de este mundial de ricos que se celebra en un país donde a los jugadores no se los meriendan los negros de milagro, porque tienen cajas fuertes en los vestuarios y van con guardaespaldas. Que lo de la crisis no es tan grave mientras haya fútbol todos los días, y Zapatero es un bendito. No sea usted tan pesao, y tómese una mahou fresquita.

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