miércoles, 9 de junio de 2010

DISCURSO -CENSURADO- DE THOMAS BERNHARD A LA ENTREGA DEL PREMIO WILDGANS DE LA INDUSTRIA AUSTRÍACA (1968)

Cuando estamos a la búsqueda de la verdad sin saber cuál sea ésta, que no tiene de común con la realidad sino la verdad que no conocemos, estamos a la búsqueda del fracaso, de la muerte... de nuestro propio fracaso, de nuestra propia muerte, por lejos que se remonten nuestro pensamiento o nuestros sentimientos, o nuestra imaginación, o por lejos que miremos hacia el porvenir, es la muerte, la ausencia de reposo o el reposo como fenómenos de debilidad, de fracaso... se trata de las ciencias, de las artes, de la naturaleza misma, marcas específicas de la muerte... Cuando hablamos de la vida y ponemos el dedo sobre ella, cuando nos ocupamos de la vida como de una decepción permanente de los conceptos de lo que es la naturaleza -nosotros, los elementos teatrales...-un análisis letal nos resulta imposible.



Lo entendemos, lo vemos, lo sentimos y lo pensamos, es un concepto de infinito en que se cruzan las líneas del menoscabo, de la mortificación, de la desaparición, donde todo se extingue simplemente, donde todo lo que está entre el finalmente y el por fin es la fatalidad patológica, a favor y en contra, sin origen, sin objeto y sin finalidad, de nuestra facultad innata de soñar, de nuestra limpidez; es método, método de muerte: aquello de que huimos, como sabemos, está en nosotros, lo que tenemos está en nosotros, lo que somos está en nosotros...etcétera. Nos prometemos mucho, aprendemos todo y nos contradecimos, después recomenzamos a aprender siempre y todavía y nos oxidamos, nos pudrimos de arriba abajo y de abajo arriba hasta la médula y partimos, pasando constantemente de una naturaleza a otra, hacia la muerte... En nuestro ser, somos incapaces de acción, somos materialistasfilosóficos, la mixtificación hasta en la muerte...



Lo que poseemos es la experiencia, algo metafísico de lo cual, cuando tenemos tiempo para el miedo, tenemos miedo, ante lo cual, y allí mismo está la desviación, capitulamos: nos morimos, caballeros solitarios como somos de nuestra impotencia, huérfanos de la historia, articulaciones muertas de la naturaleza... Estamos a la búsqueda de una coherencia, circunstancias, condiciones de la muerte, estados del cuerpo, estados de ánimo de la muerte...



Nuestro nacimiento nos arroja en una amnesia, ávidos de universo, regeneradores de nada sino de la muerte. La muerte se explica para mí como historia natural, como lo que ha hecho posible el pensamiento. Si tenemos una meta, me parece, es la muerte, aquello de que hablamos, es la muerte...



Os hablo pues hoy de la muerte, pero no os hablaré directamente de la muerte, sería demasiado ambicioso, inútil, hablaré ahora indirectamente de la muerte, por alusión, de esta experiencia que poseemos, que hacemos constantemente, que haremos siempre hasta el infinito, hablo ahora de la muerte, puesto que me habéis encargado un discurso, algo sobre la vida, es cierto, pero yo hablo, aun cuando hablo de la vida, de la muerte... Todo lo que se dice es siempre sobre la muerte... Pero no hablaré hoy de un lugar particular de la muerte, de nada que se refiera al detalle, eso sería, he dicho, demasiado ambicioso; no nos hemos reunido aquí para escuchar un estudio, eso sería una infamia, y mucho más triste; no quiero recubrir esta sala de fiesta con mi negrura, con la negrura general, con las tinieblas generales, por más que hayáis encargado un discurso, y que me lo hayáis encargado a mí, y por más que esta sala me deslumbre, todas las salas de fiesta me deslumbran, comprendeis... y por más que no necesite tener en cuenta consideraciones, no entristeceré esta sala y no os entristeceré... pero de todos modos hablo de la muerte, porque hablo, porque nos gusta oír hablar de la vida, de la muerte, por ejemplo de los hombres y sus conquistas, porque nos gusta hablar de conquistas, del macrocosmos, del microcosmos, de la capacidad, de la incapacidad, de las enfermedades mortales, de los restos de Europa...¡de los restos!, comprendeis... de la peor impresión imaginable que tenemos todos juntos, y sería necesario decir aquí, ahora, a la vista de todos, lo que habitualmente solo decimos en la intimidad, pero eso llevaría demasiado lejos, llevaría a la catástrofe... pero yo no hablo tampoco de nuestros lagos, de los valles de alta montaña, de la manera con que los ingenieros desprovistos de gusto pero no de avidez destruyen nuestro hermoso paisaje, de la destrucción general, de nuestra literatura de pequeños burgueses, de la cobardía de nuestra "inteligentsia", no, si hablo, es de la muerte... señalo la vida y hablo de la muerte...



No hablo de la historia del espíritu, sino de la muerte, no de las aproximaciones fisiológicas, psicológicas, sino de la muerte... no de los órdenes de grandeza, de realidades perturbadoras, de genio y de martirio, de idiotez y de sofística, de jerarquías y de amargura, todo esto me contento con mencionarlo y hablo de la muerte... y no hablo de religiones, de partidos, de parlamentos, de academias, ni de apatía, de simpatía, de afasia... sería necesario que hablara al mismo tiempo aquí de todo, de todo al mismo tiempo, pero es imposible hablar de todo al mismo tiempo, es absurdo, por lo tanto sólo puedo deciros todo aquello de lo cual yo podría hablar hoy aquí, mencionar lo que en verdad callo, porque no puedo hablar de eso, lo que concierne a la filosofía por ejemplo, a la poesía; no hago sino mención de la ignorancia y la vergüenza, no tiene sentido ir al fondo de ninguno de estos temas que imagino, ante vosotros, desarrollar aquí en esta sala de fiesta uno solo de estos temas... nos falta para eso la más grande, la más alta atención que se debe exigir y no tenemos, que ya no tenemos, no tenemos la más grande, la más alta atención... Pero podría, como podéis imaginaros, hablar aquí del Estado, de la imposibilidad del Estado, y sé que estáis contentos de que no hable de eso, tenéis constantemente miedo de que vaya a decir algo de lo que tenéis miedo y estáis contentos de hecho de que no hable aquí realmente de nada, y no hablo aquí efectivamente de nada; puesto que no hago más que hablar de la muerte... y que hago mención de la dictadura, una justicia criminal, el socialismo y el catolicismo, la hipocresía de nuestra Iglesia... no tenéis por qué tener miedo... de que mencione nada a propósito de sarcasmo, de idealismo, de sadismo... de norte y de sur... y aún de nada ridículo: que la ciudad de Viena es la más sucia de todas las capitales, con los miembros paralizados y la cabeza podrida y los nervios destrozados... nada a propósito de mis tíos carniceros, o de los tíos aserradores, tíos agricultores, etcétera, de mi granja en Nathal, gentes de allá, de su belleza, de lisiados, de tipos de cereales y de engorde de cerdos, la caza moviéndose en el bosque, el paso de un circo por una pradera... de Alexander Blok, Henry James, Ludwig Wittgenstein... cómo se hace de un hombre honesto un criminal de un día para otro, cómo nos encontramos en prisión y cómo fuera de ella... de los asilos de locos, de la división y la multiplicación... del concepto de abandono y de las neuralgias sociopolíticas... del Estado y del Estado Monstruo, o aún de los distribuidores de premios... ¿o bien debo hacer aquí un discurso de agradecimiento, contar alguna cosa sobre el mal de vivir?... o algo sobre los industriales, o quizá sobre el genio desconocido... sobre la irreflexión, la bajeza, algo sobre la moral, no sé... sobre la vejez como horror ejemplar o la juventud como horror ejemplar, sobre el suicidio, el suicidio de los pueblos... podría también contar una historia, pues tengo varias historias en la cabeza, o un cuento como El cuento de la bella Austria, cuando era todavía algo, o Los Austríacos cuando eran todavía algo... o El Cuento de la navegación de ultramar que no es ya rentable, El Cuento de la crianza de cerdos que no es ya rentable, la fórmula mágica CEE... o la Literatura que no es ya rentable, el arte que no es ya rentable, la vida que no es ya rentable... o preferiríais el Cuento del porvenir... hablo de la mentira y del ridículo y no cuento El cuento de la profundidad... no hago más que rozar todo esto y arrojo a esta sala algunas palabras, por ejemplo la palabra "aislamiento", "degeneración", "vulgaridad", la palabra "sensibility"... hago hincapié en el envejecimiento, la inutilidad creciente, y puesto que muy rápidamente nos cansamos de la comedia, del espectáculo de la existencia, de todo el arte dramático... un día, en un solo instante, en el instante decisivo, nos arrojamos de cabeza a la muerte... Mi tema es la muerte, como también es el vuestro... hablo pues de la vida y no hago sino mencionar la estupidez actual poe ejemplo, por ejemplo la incapacidad catastrófica de este gobierno, todo ese enorme escándalo gubernamental en el que también metemos mano... todo este absurdo de las democracias por ejemplo, este perpetuo y repugnante caleidoscopio de pueblos... pero no hago discurso sobre las masas terrestres y humanas, sobre esas enormes y absurdas masas, ni sobre un mundo nuevo, porque no veo ninguno, no digo nada sobre el átomo, nada tampoco sobre los leprosarios y las revueltas de los negros, nada sobre Inglaterra que pide socorro, sobre Alemania que miente, Norteamérica esquizofrénica, Rusia diletante, China a quien tememos, la minúscula Austria... no hablo de la innoble ausencia de las necesidades del espíritu... ni del hecho de que las revoluciones no nos han aportado nada de lo que esperábamos, no hablo ni de imperios en putrefacción, ni de monarquías, de repúblicas estúpidas, de dictaduras, ni de amor a la patria, ni de abyecta neutralidad, no presento ninguna carta de ciudadanía... pero no cuento nada tampoco sobre Ferdinand Ebner o T. E. Lawrence... pero me pregunto si no debería de todos modos presentar alguna cosa optimista, al estilo de los cancioneros... algo grotescamente fatalista, algo sobre la tristeza, la fantasía, la melancolía, cómo se hace dinero o bien cómo se pierden los amigos y el dinero, no, no, todo es malentendido, todo es bien entendido malentendido... en la medida en que la muerte misma no es otra cosa que un malentendido, y que yo esté, que esté aquí, entre vosotros, para hablar, es también un malentendido, exactamente como la muerte, bien entendido... ¿que haga el viaje o que no lo haga?... busco, cuando me despierto, refugio en este tema, el objeto de la frase y el enunciado de la frase, el ascenso y el descenso, ...habría tanto que decir, pero no es este el lugarpara proceder a una intervención quirúrgica en un estado de cosas que es un estado de cosas catastrófico, este no es el lugar de los transplantes filosóficos, de acrobacias aritméticas, nos falta aquí, en esta hermosa sala de fiesta, el instrumental, y sin embargo me darían placer todas estas operaciones, cortar y coser, atar, amputar... pero odio la afectación... y no diré nada de Shakespeare ni nada de Buchner, y no os fastidiaré con Flaubert... sabría muy bien, de manera muy penetrante, quizá hasta extremadamente soprendente, manejar los elementos cómicos, graciosos, irónicos en mí, y manejar los mismos instrumentos en vosotros... desplegando todo mi entendimiento, decir algo nuevo sobre Homero, sobre Turgueniev... o bien: se toma simplemente a Dios y se revuelve el todo, se toma simplemente al Diablo y se revuelve el todo, se toma la burguesía y se revuelve el todo, se toma el proletariado y se revuelve el todo... Que no nos olvidemos de hablar de la primera mitad de este siglo como de una mitad en la demencia... sería inteligente citar un verso de Baudelaire, una frase de Proust, una frase de Montaigne, una frase del cardenal de Retz si se quiere, o alguna otra obscenidad filosófica... que no nos olvidemos de os sacerdotes y de los médicos, los físicos y los comunistas, el Ejército Rojo y los guardias suizos, la industria de metales ligeros y sobre todo nuestros huéspedes... Todo esto, lo creáis o no, queráis verlo o no, tiene algo que ver con la muerte, que hable de vosotros o de mí, que seáis vosotros o yo quien empuje al absurdo, es la muerte, estamos empujados por la muerte... que tanga algo contra los gobernantes o contra los oprimidos, contra los blancos o contra los negros, contra este gobierno por ejemplo que como todos los gobiernos es el peor que se pueda imaginar, contra nuestros parlamentarios, contra nuestro canciller federal, contra nuestros profesores universitarios y contra nuestros artistas, contra Heine y otros, contra Marx y otros, que tenga algo contra todos estos señores, es la muerte, es lo irreparable, es la catástrofe... todo esto tiene algo de imposible, de inaudito.



Pero creo que he dicho bastante, o hablado, ¿no es así?, pasado en silencio muchos temas, como veis, pasado en silencio casi todos los temas, como podeis convenceros y no me queda sino expresar mi agradecimiento por algunos millares de schellings que me habéis enviado ya a mi domicilio en la Alta Austria, por las magníficas vacaciones que con esa suma me podré tomar. Me pagaré un período de prodigalidad, algunas semanas al borde del Mediterráneo, o algunas locuras en Bruselas, París o Londres, no sé todavía... en todo caso lejos de aquí, lejos de Viena, lejos de Austria, de la patria que amo... os agradezco, por más que no sepa de qué os agradezco, es posible que os agradezca efectivamente por una locura... por una loable finalidad quizá, pues la vida es una finalidad absolutamente loable, algo que, como sabéis ahora, tien mucho que ver con la muerte... que todo es la muerte, la vida entera no es más que la muerte, que voy a desearos una buena, quizá memorable velada, y salir de esta sala, partir de esta sala, partir de Austria algún tiempo hacia el placer y hacia el trabajo, y lo digo una vez más: os agradezco por esta distinción, por el malentendido que constituye sin ninguna duda esta distinción, pues como sabéis todo es malentendido y os recuerdo una vez más especialmente la muerte, que todo tiene que ver con la muerte, no olvidéis la muerte... no la olvidéis, no la olvidéis...

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