martes, 17 de mayo de 2011

AL OTRO LADO DEL RÍO Y ENTRE LOS ÁRBOLES

The world o´ershadowed, soiled and overcast,

Void of all joy an full of ire and sadness

EZRA POUND



In memoriam J.D. Salinger





Reflexiona, pondera, por ejemplo

ahora en el mediodía

cargado de perfume a darro oscuro

que la ciudad regala a nuestro olfato

-metáfora feraz, la mierda humana-

como ABC encíclicas neocatólicofascistas,

en este mediodía

cabrilleante el sol en las basuras

diversas que no arrastra la corriente

porque se ha helado el río,

el hijoputa,

pondera la grafiosis de los olmos

muriendo en las colinas de la Alhambra

-sobredosis de taxi

y utilitarios último modelo-,

el hacha que se abate

sobre álamos desnudos

en la tarde furtiva

de los que van buscando combustible

para hacer migas en la chimenea

-invitados amigos y vecinos-,

admira, en la espesura

palacios de cartón donde dormitan

inquietos los alcohólicos

de harapo y barba lenta

que no pagan cotizan o consumen

y quedan excluídos por lo tanto

de derechos deberes dignidades

en las afueras de la ley no escruta

con el calor de un perro o de una hoguera

como última llama

en la calle afilada del invierno.



El río arrastra latas de garbanzos,

pañales desechados

donde la mierda seca

de nuestros tan niños tan bien abrigados

ocupa fácilmente

el volumen escaso

del estómago oscuro de otros niños

de piel nunca europea,

condones con semen de desencanto,

una bombilla rota, una cabeza

de perro de peluche

que no disfruta ya de la ternura

fugaz o navideña

de algún hijo bastardo del hartazgo;

reflexiona tranquila, mientras corre

el hilillo diarreico

de la ciudad fondona

por los suburbios ásperos de olvido

mientras bosteza el bosque

más allá del terror,

más allá de la angustia,

consciente de que el fuego no anda lejos.



Pondera, en este efluvio,

que revuelve las tripas

y empoza el alma en cólera callada

lo obsoleto de toda teología:

el hombre está quemando un paraíso

del que no fue expulsado

por un Dios vengativo.

Los árboles al viento

susurran letanías inmemoriales

y la soplapollez y el marketing de turno

cancelan no idealismos de saldo

ni sesudas teorías en diez tomos

sino la sensatez de estarse quieto,

inmóvil ante el caos

de la palabrería, del negocio

de la muerte que llega

como niebla de azufre

con sus manos podridas y reptantes,

discursos circulares del dinero,

del poder y la gloria y la metralla,

la locura total

en que sobrevivimos como bestias

esclavas de por vida

de nuestra propia raza. Reflexiona

doucement, en la tarde,

con un whisky

dorado de crepúsculos y Mozart,

acuérdate del río

y de sus peces tiesos en mortajas

con logotipos de supermercado,

mi amor, de las hogueras

junto a las cuales un perro y un hombre

comparten el pan duro de la vida

con ternura callada, amor, y piensa,

piensa sencillamente

en por qué no me sale de los huevos

entrar al jueguecito decretado

y sólo tengo fe en las cucarachas.

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