miércoles, 9 de junio de 2010

BLUES DEL OUAD-EL-KHEBIR, O LOS BOTINES DE ANTE

...en la falsa moneda de la noche,



¿he buscado su brillo o he buscado su sombra?



VICENTE GALLEGO















Tú no andabas por aquellas calles, a la luz



crepuscular de las farolas y el ocaso sobre



la Torre del Oro, los



luminosos de la Plaza de Cuba



o el entredorado con palomas y vencejos y alondras



de la Giralda. No andabas con botines de ante



a la luz de los cafés y las tabernas



mientras a mí el alma



me crujía en un sopor de hojarasca irreductible,



en un aburrimiento de tablaos y sablazos



y pubs irlandeses,



de poetas mediocres



como geranios secos



y lumbreras de chichinabo y dame



diez mil que ahora vengo;



los patos



graznaban en los estanques



como el Perejil harto vino en su tascucho



donde se niega el pan al hambriento,



pero tú no estabas



por allí, con tu melena de peluquería



último modelo. El Chino



haciéndose porros en la penumbra de la plazuela



y las señoras desfilando relumbrantes



de pieles,



tal vez



tú también venías



del Corte Inglés.







Yo andaba en la tasca del anonimato



cincelando versos con las manos desnudas,



embadurnado de sangre, vino y boquerones



en vinagre



y poniéndole los cuernos a las musas



con mi propio reflejo



en el espejo desvencijado de un tigre que olía



como debe oler el coño de una bruja usurera.



No me estaba follando a mi modista,



ni regalándole pendientes a mi abuela,



ni siquiera contemporizando



con algún periodista de ojos de absenta y barba marbellí, sino



sacándole las tripas a la tarde



a base de dialéctica barata;



tú no estabas allí, no, tú



no estabas



ni siquiera al volante de un Mercedes último modelo



dejándote comer el coño



por algún famosete de revista.







Tú ni siquiera estabas en el mundo,



absorta en primaveras que alumbraban



a la orilla de un río de impostadas sonrisas.

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