lunes, 19 de abril de 2010

EL SENTIMENTALISMO DE BUKOWSKI Y LAS GILIPOLLECES DE LA CRÍTICA

Voy a ejercer de crítico de la misma manera que hace años ejercí de camarero: sé poner copas, pero me gusta más bebérmelas. Y soy poco tolerante con la gilipollez humana en general, lo cual definitivamente me inhabilita –en progresión geométrica, esto va con la edad- para hacer de camarero, y tal vez de crítico. Pero a lo que iba: puedo aguantarlo casi todo, excepto la falsedad y las poses de tipo duro; esto viene a cuento de una entrevista que leí en El País en la que Nick Cave decía que la poesía de Bukowski le parecía terriblemente sentimental. Eso es más que matizable, puesto que la poesía es básicamente sentimiento, vuelo lírico, percepción del mundo, estado de ánimo, expresión del espíritu, y no álgebra ni química ni matemáticas comparadas. O al menos así lo veo yo. Sobre esto no se ha puesto nadie de acuerdo todavía desde los tiempos de la Poética de Aristóteles, aunque haya sesudos académicos empeñados en enfangarse en un debate con menos sentido que follar haciendo el pino –y hay quien lo hace-. Pero que alguien como este músico australiano diga semejante memez, teniendo en cuenta que ha cantado letras de gente como Leonard Cohen –que también es “terribly sentimental”- y se ha forrado con ello, me parece fuera de lugar. Sobre todo porque, por ejemplo, un poema como “Bluebird” –de Bukowski-, si llega a parecer sentimental –y no hay nada de malo en ser o parecer sentimental, somos seres humanos y no jodidas máquinas, que es lo que les gustaría a los que todos sabemos-, es por el grado de desesperación con que describe lo inhóspito de la realidad que el poeta vive y percibe. Estamos hablando de alguien que se pasó más de media vida prácticamente tirado en la calle, vagabundeando de trabajo en trabajo, sin un dólar en los bolsillos, alcoholizado perdido, y a quien la literatura, que es sin duda la cenicienta de las artes, le salvó la vida e hizo que muriera rico, en una casita cercana a la playa y acompañado por una mujer que debió ser maravillosa para aguantar las melopeas del maestro. ¿Sentimentalismo? ¿Y qué? ¿Es que las personas que muestran sus sentimientos son inferiores a los que van de gallitos-de-vuelta-de-todo por la vida? ¿Es que quien lee una novela romántica de Danielle Steel es de una categoría espiritual, o moral, o cultural, inferior a la de quien es capaz de tragarse a Proust sin respirar, o a quien flipa con una novela de Mickey Spillane (el creador del detective Mike Hammer)? He visto a policías llorar como críos por haber tenido que disparar, con resultados mortales, a un atracador a mano armada en mitad de una calle de Madrid. ¿Son por eso menos policías, menos hombres? (El que paga las nóminas y da las órdenes, por supuesto, no se pringa). Pero sobre todo he visto, y veré, a críticos literarios utilizar la frase “demasiado sentimental” al referirse a la obra de un autor del que probablemente no han leído una línea en su puta vida de lacayos pesebreros, salvo lo que hayan ojeado en la Wikipedia. Así es crítico literario cualquiera, coño. Y encima cobrando. Oír que Romeo y Julieta de Shakespeare es “demasiado sentimental” es de esas cosas que lo encienden a uno. Como decía Fernando García Tola en sus articulillos de El mundo, “hostia, es que dan ganas de agarrar la escopeta y liarse a tiros”. No se puede ser más gráfico. Ni más mediterráneamente certero. Por mi parte seguiré escuchando boleros, aliñados con Chopin y los Sex Pistols, cuando me salga de la bendita punta del cogollo del meollo del bollo del cimborrio. Y mezclando el bourbon de William Faulkner con la leche de Bárbara Cartland; el cóctel merece la pena. Viva el mestizaje. Porque todas las opiniones son respetables hasta que dejan de serlo, hasta que insultan la sensibilidad de gente que tiene sus limitaciones, como todo el mundo, y no entiende por qué un señor de prosa estreñida y solemne dice que su autor o autora favorita solo escribe mierda sentimentaloide. Pues bien; mejor esa mierda sentimentaloide que las sesudas gilipolleces de alguien que escupe veneno por un colmillo porque no tiene ni talento –lo cual es disculpable- ni los cojones de admitir que no tiene talento –lo cual ya es imperdonable, además de una falta de educación-. Y que no se metan con Bukowski; los enanos mentales no pueden discutir con el Himalaya, aunque se trate de un borracho de cuidado que no hará gala de una gran prosa –y eso según-, pero que a muchos, en momentos difíciles, en esas encrucijadas que la vida nos presenta, cuando nos sentíamos perdidos, sin afecto, incomprendidos y encima sin un duro, supo guiarnos a la luz de un cinismo guasón perfectamente salvavidas. De modo que un respeto por el sentimentalismo. Y ahora me voy a ver Casablanca por 96ª vez, y que un diplodocus le de mucho por retambufa a ciertos plumíferos implumes de los que pululan por los suplementos ¿culturales? de los periódicos. Ite, missa est.

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