Son pocas las pasiones que me agitan.
Soy como el roble inmóvil
Que ve morir los pájaros en torno
Mientras cantan las aguas a lo lejos
Y el sol esparce un mosaico de monedas
Sobre la hierba que susurra a mis pies.
Ni el rayo me conmueve
Si estalla una tormenta. Sólo me arranca ramas.
Las casas se derrumban
En una soledad plomiza, oscura,
Y tantos viejos mueren sin memoria,
El fuego del hogar ceniza fría,
Cruces bajo la cínica candidez del cielo. En soledad perfecta
Veo como florece
La escarcha sin cuartel
Cuando el alba es un cuajarón de sangre
Y luz no profanada.
Ese lobo que evita los senderos
Ha de morir sin Dios
A manos del guardián de los rebaños.
Entretanto, la nieve
Va extendiendo su manto:
La blancura total de la locura.
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lunes, 4 de julio de 2011
viernes, 18 de junio de 2010
LA LÁPIDA DEL TIEMPO
Time tells me what I am. I change and I´m the same.
I empty myself of my life and my life remains.
…and the miraculous hours of childhood wander in darkness.
-MARK STRAND-
De la hiedra de tus muros centenarios
De las sombras que acechan a la luz de los faroles
Por las viejas callejuelas
De la nieve que sangra en las alturas
Cuando el frío es un guante de acero en torno al alma
Y muere una mujer embarazada
En una casa en ruinas
Del aroma a tierra mojada de los bosques de la Alhambra
Y las azagayas de sol entre la fronda
Entredorando la plata sonriente y oscura
De las acequias
De la Vega devorada por el vómito urbano
Y el cielo sin piedad
Bajo el que me crié
De las zambras gitanas en el Sacromonte
Y el trasiego de guantes y bufandas en los grandes almacenes
De los setecientos mil whiskys con que asperjé mis versos
Y mis caras a cara con la muerte bajo los castaños
A la orilla del río
De mis amores congelados en la niebla
Y la música del viento en las alturas del cementerio
De las multitudes solitarias que hacen crujir las hojas muertas
De los parques
De los coches de caballos que llevan a los novios por la Gran Vía
De las recónditas librerías de viejo
Donde me hallé a mí mismo pieza a pieza
Donde fui entreverando el mosaico de mi alma
Con la luz perpetua de la Cultura
Esa luz que jamás me ha abandonado
De tus cipreses alzándose como oscuras alabardas
Ribeteando el horizonte
Mientras yo amaba a otra víctima de la fosa común del tiempo
En una tarde de Mozart y té con leche
Hasta el dolor premonitorio que precede al vacío de la ausencia
Inevitable
Del oro ensagrentado de la tarde sobre la Sierra de Parapanda
De tantas fuentes que cantan con sonriente melancolía
En patios de penumbra
O calles donde la soledad afila sus cuchillos
En el rostro de un hombre con la mano extendida
De mi infancia junto a una chimenea
Y el amor hoy palabra en un idioma intraducible
Que me envolvía como un manto de misericordia
De la lluvia sobre las aguas verdosas del otoño
Y la tristeza de las telarañas entre los rosales del jardín
De la melena negra y los ojos azules
De aquel primer amor que aún caldea mis sueños
Con su presencia
Y hoy será una mujer desengañada y turbia
Harta de cambiarle los pañales al marido
Del nogal gigantesco y su anhelo de luna demorada
Bajo el que tejí mis sueños
Mientras mi abuela ponía a Brahms en la radio
Y hacía punto
Con lágrimas
De mi primer orgasmo entre sábanas frías
De mi primer amigo hermano cómplice
La primera sonrisa de una niña
Los veranos eternos entre arriates y flores
Entre nísperos y membrillos y álamos
Cuando el alcohol no venía en el diccionario
Y mis padres no eran una nota a pie de página
Del libro roto en pedazos de la vida que jamás conoceré
Del crescendo sutil de la adolescencia
Y todos los partidos de fútbol que no jugué
Y todas las muchachas que me dieron calor
Por las calles de un pueblo alpujarreño
Del vino compartido y su sensualidad acariciante
De las nevadas en las carreteras cuando
Desafiábamos a la muerte con alegre inconsciencia
De todo esto eterna madrastra en la distancia
Me acuerdo ahora bajo la losa gris
Del tiempo
Bajo la losa gris
Del tiempo
Bajo la lápida gris
Del
Tiempo.
I empty myself of my life and my life remains.
…and the miraculous hours of childhood wander in darkness.
-MARK STRAND-
De la hiedra de tus muros centenarios
De las sombras que acechan a la luz de los faroles
Por las viejas callejuelas
De la nieve que sangra en las alturas
Cuando el frío es un guante de acero en torno al alma
Y muere una mujer embarazada
En una casa en ruinas
Del aroma a tierra mojada de los bosques de la Alhambra
Y las azagayas de sol entre la fronda
Entredorando la plata sonriente y oscura
De las acequias
De la Vega devorada por el vómito urbano
Y el cielo sin piedad
Bajo el que me crié
De las zambras gitanas en el Sacromonte
Y el trasiego de guantes y bufandas en los grandes almacenes
De los setecientos mil whiskys con que asperjé mis versos
Y mis caras a cara con la muerte bajo los castaños
A la orilla del río
De mis amores congelados en la niebla
Y la música del viento en las alturas del cementerio
De las multitudes solitarias que hacen crujir las hojas muertas
De los parques
De los coches de caballos que llevan a los novios por la Gran Vía
De las recónditas librerías de viejo
Donde me hallé a mí mismo pieza a pieza
Donde fui entreverando el mosaico de mi alma
Con la luz perpetua de la Cultura
Esa luz que jamás me ha abandonado
De tus cipreses alzándose como oscuras alabardas
Ribeteando el horizonte
Mientras yo amaba a otra víctima de la fosa común del tiempo
En una tarde de Mozart y té con leche
Hasta el dolor premonitorio que precede al vacío de la ausencia
Inevitable
Del oro ensagrentado de la tarde sobre la Sierra de Parapanda
De tantas fuentes que cantan con sonriente melancolía
En patios de penumbra
O calles donde la soledad afila sus cuchillos
En el rostro de un hombre con la mano extendida
De mi infancia junto a una chimenea
Y el amor hoy palabra en un idioma intraducible
Que me envolvía como un manto de misericordia
De la lluvia sobre las aguas verdosas del otoño
Y la tristeza de las telarañas entre los rosales del jardín
De la melena negra y los ojos azules
De aquel primer amor que aún caldea mis sueños
Con su presencia
Y hoy será una mujer desengañada y turbia
Harta de cambiarle los pañales al marido
Del nogal gigantesco y su anhelo de luna demorada
Bajo el que tejí mis sueños
Mientras mi abuela ponía a Brahms en la radio
Y hacía punto
Con lágrimas
De mi primer orgasmo entre sábanas frías
De mi primer amigo hermano cómplice
La primera sonrisa de una niña
Los veranos eternos entre arriates y flores
Entre nísperos y membrillos y álamos
Cuando el alcohol no venía en el diccionario
Y mis padres no eran una nota a pie de página
Del libro roto en pedazos de la vida que jamás conoceré
Del crescendo sutil de la adolescencia
Y todos los partidos de fútbol que no jugué
Y todas las muchachas que me dieron calor
Por las calles de un pueblo alpujarreño
Del vino compartido y su sensualidad acariciante
De las nevadas en las carreteras cuando
Desafiábamos a la muerte con alegre inconsciencia
De todo esto eterna madrastra en la distancia
Me acuerdo ahora bajo la losa gris
Del tiempo
Bajo la losa gris
Del tiempo
Bajo la lápida gris
Del
Tiempo.
miércoles, 9 de diciembre de 2009
LAS HOGUERAS DEL VINO
Hogueras del vino música líquida
para matar las horas que nos matan
celebrando las pieles del recuerdo
en un bosque de escarcha Las hogueras
desordenadamente del vino
música cálida
arropándonos en las esquinas
cizalla de sombra
cortando los eslabones de hierro
de la vida Hogueras
del vino
en el mirador de San Nicolás
bajo el impío viento
que nos lega la nieve
la ciudad
extendida como un manto de estrellas
a tus pies
extraña o compañera
plena de soledades esquinadas
como neones turbios
en la niebla
Hogueras del vino
Música
líquida
en ojos dulces que el tiempo
no borra
olor de bodegones
donde fuimos amados sin palabras
donde ardimos amando con diez versos
Hogueras
del vino
amigo tan veraz
como la muerte lenta de las horas
en espejos de casas solitarias
cerradas a la luz
al viento
a voces de cristal resquebrajado
como vidas humanas
Hogueras
del vino
brasas Empedrada
soledad
nocturna
donde fuimos felices como perros
que encontrasen diamantes
en la basura
tango alcohólico
bailado entre acordeones
con las sombras amadas que aquí fueron
mano a mano
bendita desmemoria no del todo
opaca
a esta luz musical que trajo
el vino Hogueras
como cabellos flotantes
al viento de la noche sin estrellas
a la brisa sexual de una mirada
o el bosque de cuchillos
de una caricia lenta
Agridulce licor de la poesía
Beso de fuego
de anónimas amantes en la tarde
sin fin de los castaños las acacias
los cipreses
las rosas
las fuentes que algún rostro reflejaron
desleído en la lluvia
de una ciudad secreta
Hogueras
del vino
chisporroteando
en el cristal de una copa
llamada por qué no
Literatura
espejo de fuego
donde consumirse hasta la ceniza
fértil
hasta hacerse música
brasa o brisa
definitiva
de la
memoria
Hogueras del vino música líquida
para matar las horas que nos matan
celebrando las pieles del recuerdo
en un bosque de escarcha Las hogueras
desordenadamente del vino
música cálida
arropándonos en las esquinas
cizalla de sombra
cortando los eslabones de hierro
de la vida Hogueras
del vino
en el mirador de San Nicolás
bajo el impío viento
que nos lega la nieve
la ciudad
extendida como un manto de estrellas
a tus pies
extraña o compañera
plena de soledades esquinadas
como neones turbios
en la niebla
Hogueras del vino
Música
líquida
en ojos dulces que el tiempo
no borra
olor de bodegones
donde fuimos amados sin palabras
donde ardimos amando con diez versos
Hogueras
del vino
amigo tan veraz
como la muerte lenta de las horas
en espejos de casas solitarias
cerradas a la luz
al viento
a voces de cristal resquebrajado
como vidas humanas
Hogueras
del vino
brasas Empedrada
soledad
nocturna
donde fuimos felices como perros
que encontrasen diamantes
en la basura
tango alcohólico
bailado entre acordeones
con las sombras amadas que aquí fueron
mano a mano
bendita desmemoria no del todo
opaca
a esta luz musical que trajo
el vino Hogueras
como cabellos flotantes
al viento de la noche sin estrellas
a la brisa sexual de una mirada
o el bosque de cuchillos
de una caricia lenta
Agridulce licor de la poesía
Beso de fuego
de anónimas amantes en la tarde
sin fin de los castaños las acacias
los cipreses
las rosas
las fuentes que algún rostro reflejaron
desleído en la lluvia
de una ciudad secreta
Hogueras
del vino
chisporroteando
en el cristal de una copa
llamada por qué no
Literatura
espejo de fuego
donde consumirse hasta la ceniza
fértil
hasta hacerse música
brasa o brisa
definitiva
de la
memoria
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