Of comfort no man speak
WILLIAM SHAKESPEARE
En nombre de la democracia tenemos derecho a ver diariamente
cómo cuatro soplapollas sin dignidad
se ríen de nosotros en directo con circunloquios
corbatas y estadísticas
-hablan de recuperación económica de trenes de progreso circulando
por rieles del ancho
establecido en Europa y de que entre otras cosas mayormente
no pasa nada-
Qué va a pasar si nosotros pagamos la cuenta
En nombre de la democracia damos de comer a los inmigrantes
en escudillas de plástico
ésas donde comen los perros No se puede negar nuestro afán de
humanitarismo
aunque hasta los perros sepan a estas alturas que comen mucho
mejor
que cualquier inmigrante Hemos olvidado fabricar piensos especiales
para ellos y latas de carne
con vitaminas extra en prevención de posibles desmayos bajo el
infierno de plástico
del invernadero o el barrizal helado de la obra etc Y si me apuran
también casetas adecuadas
para que puedan descansar dignamente tras limpiarnos todos
el ojo del culo
de la conciencia con nuestras sacrosantas corbatas de funcionarios
de la nueva Europa amén
En nombre de la democracia los tenderos abren cada día sus persianas
y sus sonrisas
para robarnos ceremoniosamente -se aceptan tarjetas- por cosas
prescindibles
Por el precio de unas bragas de seda o de un pisacorbatas
-por no decir un collar de diamantes para el perro, muy de moda en USA-
podría darse un banquete, o quinientos
-de eso sabemos un rato- cualquier familia rusa o somalí
(o de La Celsa o de Almanjáyar
tampoco hace falta irse tan lejos) La dulce señora permanentada
habla de crisis
con la dependienta mientras se decide por un traje de flamenca
para la niña
Se acerca la Feria de Abril Pero qué va a pasar qué puede pasar
si nos sobra el jamón
no tenemo ná que temé nos zobra jamón y olivita olé
En nombre de la democracia y de las buenas conciencias contribuyentes
(se ve que los demócratas
ni fuman marihuana ni duermen en la calle ni tocan la guitarra en
la calle Sierpes)
el sicario ejemplar viene a pedirnos la "documentasión"
-tal vez se pregunta
si de verdad existimos- cuando en cualquier plaza de cualquier calle
de cualquier ciudad
generalmente de noche un puñado de nosotros trata de evadirse
de reírse un poco
antes de que llegue San Lunes con sus exigencias Alguno incluso
tiene su apartamento
en el jardincillo de la esquina y paga con sus huesos el alquiler que marca día a día
la intemperie Pero en fin A veces sucede
que alguno no Existe
-vamos que no lleva encima el Documento Nacional de la Ignominia-, y
para devolverlo a la vida
a la existencia para sacarlo de la Nada y devolverlo al Ser
lo instan amables
a acompañarlos a comisaría donde quizá un electroshock en los cojones ayude a
devolverlo a la Existencia
(aunque el método más tradicional sea el del par de hostias -con guantes, of course-)
Pero no pasa nada Somos nosotros los que pagamos la electricidad
y los guantazos Puntualmente y por cojones, según ley
En nombre de la democracia el honrado contribuyente le paga al
Honrado Hombre Público
un traje nuevo un coche de ésos (Harás Cualquier Cosa Por Enseñarlo)
y las medias y el liguero y los Manolo Blahnik
de la querida Y tal vez la silicona Y la dosis correspondiente de
langosta y whisky de malta
y las sábanas limpias de la habitación del hotel de lujo
donde el Honrado
Hombre Público hallará solaz y reposo entre los honrados pechos de
su honorable amiguita
que como todo el mundo sabe solamente la chupa por amor Por amor
verdadero y desinteresado, puro, intransitivo
En nombre de la democracia el mediocre el rastrero el trepa el imbécil el asesino
viaja con todos los gastos
pagados
coca incluida Pero qué va a pasar si somos nosotros los que
En nombre de la democracia obispos cardenales sacerdotes pontifican
que no pagar impuestos es pecado
Y el Catecismo es un best-seller cómo no (Stephen King, un tieso) Y
follar es pecado
si nos es con el piadoso objeto de poner a parir a alguien (en eso son
expertos
desde hace 2000 años) Y en realidad el Sida es una bendición
una ayuda divina
para mantener la promiscuidad a niveles aceptables y decorosos
(opinión de expertos, indudablemente)
Claro que han olvidado
-criaturicas Tienen tendencia a ser olvidadizos-
hacer por ejemplo una encuesta entre los miles de millones de desahuciados
que
pueblan hospitales aceras pisos anónimos chabolas etc Ellos sí
que podrían
hablar con propiedad del asunto
(siendo como son portadores propietarios usufructuarios de la susodicha
bendición)
En nombre de la democracia Dios -qué Dios- quiere que esa chavala a la
que alguien destrozó la vida
en un portal oscuro/ en un descampado tenga el retoño de un psicópata
como si nada
hubiera pasado (porque nunca pasa nada a ojos de su Dios Todo
está bien Todo forma parte de Su Magnificencia) y que por supuesto ese
niño sea bautizado
en la Sacrosanta Fe Católica
En nombre de la democracia obispos cardenales papas curas monjas frailes su
puta madre
a caballo
predican
la caridad y la austeridad
mientras duermen entre sábanas de seda y se meten el cheque en el forro y
beben o comulgan o sus
muertos
tocando la flauta con vinos de reserva en copones de plata repujada con
zafiros esmeraldas rubíes Y
ahí está
El Santo Padre Il gran Capo Tapándose la coronilla con mitras
bordadas en oro
para admiración de las beatas y de los muertos de hambre a los que tan asiduamente
visita
tras un cristal antibalas
(o antimuertos de hambre Sabe Dios)
En nombre de la democracia los negros los árabes los hispanos los indios los asiáticos los
No White Anglo-Saxon
Protestants cotizan muy bajo en Wall Street Cuando cotizan Y
el que ayer tarde puso en marcha la silla
eléctrica o la cámara de gas o apretó el gatillo o inyectó la justa
dosis de cianuro
al reo de pantalones cagados y súplica en los labios hoy Sábado
sabadete
se lleva a los niños a Disneylandia Qué gran país libre de larga
tradición
democrática Qué gran nación confiada en Dios (Pronto apareceremos
todos
en los billetes de dólar Inmortalizados forever Viva el Imperio!)
En nombre de la democracia periodistas escritores poetas etc son
declarados culpables
de defender la democracia con métodos evidentemente antidemocráticos
como sacar a la luz
los calzoncillos sucios de los verdaderos demócratas (sucios no sólo de
mierda
sino también de sangre) Y es que los verdaderos demócratas
pobrecitos opinan que la defensa de la democracia -entendida como ellos
la entienden
o sea, con nueve ceros- es cara muy cara La consigna oficial es Paga y Calla (PYC)
o Pelotazo y Cinismo O Putas y Chivas O París y Caviar Lo que quiera
el Respetable
Pero no pasa nada Somos nosotros los que pagamos En la
Declaración de la Renta
va incluido nuestro Sí Nuestro Silencio Nuestro Sodomíceme por los
siglos
de los siglos amén
En nombre de la democracia tenemos hasta presos de conciencia
Qué lujo
Y qué nostalgia
de la bomba
de hidrógeno
(del poemario inédito ESTO NO ES POESÍA NI PUTA LA FALTA QUE LE HACE A LA MADRE QUE TE PARIÓ)
Mostrando entradas con la etiqueta del poemario Esto no es poesía ni puta la falta que le hace a la madre que te parió. Mostrar todas las entradas
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sábado, 18 de junio de 2011
viernes, 17 de junio de 2011
Y UNA NIÑA PERDIDA ME MIRA POR TUS OJOS
I cannot say that I´ve gone to hell for your love,
but often I found myself there in your pursuit
WILLIAM CARLOS WILLIAMS
Dueles como una luz entre la niebla
un edelweiss perdido en el infierno
como la rama rota del árbol del amor
carbonizada y sola
entre la hierba seca
Son demasiadas noches en la calle
hay demasiada sangre en tu inventario
demasiada ginebra
demasiada metralla
y demasiadas lágrimas
demasiado desprecio en tu mirada
demasiada soberbia sin motivo
y demasiados cuervos en el cielo
graznando entre la lluvia
Y es cada amanecer un vaso roto
un silencio a dos voces
una pugna contra las telarañas
un renovar el pacto que no hemos formulado
en esta habitación desangelada
mientras el humo flota
y una niña perdida me mira por tus ojos
but often I found myself there in your pursuit
WILLIAM CARLOS WILLIAMS
Dueles como una luz entre la niebla
un edelweiss perdido en el infierno
como la rama rota del árbol del amor
carbonizada y sola
entre la hierba seca
Son demasiadas noches en la calle
hay demasiada sangre en tu inventario
demasiada ginebra
demasiada metralla
y demasiadas lágrimas
demasiado desprecio en tu mirada
demasiada soberbia sin motivo
y demasiados cuervos en el cielo
graznando entre la lluvia
Y es cada amanecer un vaso roto
un silencio a dos voces
una pugna contra las telarañas
un renovar el pacto que no hemos formulado
en esta habitación desangelada
mientras el humo flota
y una niña perdida me mira por tus ojos
sábado, 19 de junio de 2010
BONJOUR ONCE AGAIN, TRISTESSE
Les charmes de l´horreur n´enivrent que les forts!
-CHARLES BAUDELAIRE-
La tristeza es una mujer enferma de cáncer que no quiere vivir
y se mata bebiendo
y pierde los papeles yendo al cuartelillo para denunciarte
por malos tratos
si insinúas que quieres dejarla porque vivir con ella es imposible
y de pronto suena el timbre y dos expeditivos funcionarios
con uniforme y pistola
te dicen que tienes que acompañarlos
y te quedas sin tabaco y sin cordones en los zapatos toda la noche
en el calabozo de la comisaría del pueblo de al lado
hasta que a la mañana siguiente una jueza decide
dejarte en libertad con cargos
y con la orden de firmar cada quince días
en un pequeño juzgado lleno de cagadas de mosca
sin comerlo
ni beberlo
La tristeza es la caspa y los pelos que caen en el lavabo
cada mañana
antes de sentarte a trabajar durante no se sabe cuántas horas
-la literatura es interminable; ahí está la maldición
y la gloria-
sabiendo que a fin de mes no habrá dinero
sabiendo que puede que nunca haya dinero
sabiendo
que tarde o temprano puede que llegue el momento de recoger el equipaje
y buscar otro agujero donde sobrevivir a toda costa
y un trabajo de mierda y ahí te las den todas
y seguir envejeciendo sin esperanza
mientras la familia sigue engordando y algunos comentan
“eso ya lo sabía yo. No podía acabar de otra manera”
a la hora del café
La tristeza es acabar por no querer absolutamente a nadie
excepto al perro
no soportar que nadie toque al timbre ni los ruidos
de la calle
ni los gritos de la imbécil de la vecina cuando sus hijos llegan del colegio
ni las conversaciones en los bares con gente que te considera
una especie de gloria local emergente
ni la mirada inquisitiva de algún guardia civil cuando te lo cruzas por la calle
o entras a comprar tabaco en el bar de la esquina
La tristeza son las moscas en el cajón de la arena del gato
o zumbando sobre el teclado del ordenador
o sobre el cadáver de la rata que te encuentras sobre la acera
al abrir la puerta para sacar la basura
y la carta de un editor diciéndote que se han vendido doscientos tres ejemplares
de tu último libro
y la conciencia de saber que al fin y al cabo
eres tú el responsable último de tu apuesta
y que la culpa de vivir en un país como España
no es tuya
Ah la tristeza
La tristeza
de no saber
a quién cojones
pegarle
un
tiro
cada vez
que te miras
al espejo
-CHARLES BAUDELAIRE-
La tristeza es una mujer enferma de cáncer que no quiere vivir
y se mata bebiendo
y pierde los papeles yendo al cuartelillo para denunciarte
por malos tratos
si insinúas que quieres dejarla porque vivir con ella es imposible
y de pronto suena el timbre y dos expeditivos funcionarios
con uniforme y pistola
te dicen que tienes que acompañarlos
y te quedas sin tabaco y sin cordones en los zapatos toda la noche
en el calabozo de la comisaría del pueblo de al lado
hasta que a la mañana siguiente una jueza decide
dejarte en libertad con cargos
y con la orden de firmar cada quince días
en un pequeño juzgado lleno de cagadas de mosca
sin comerlo
ni beberlo
La tristeza es la caspa y los pelos que caen en el lavabo
cada mañana
antes de sentarte a trabajar durante no se sabe cuántas horas
-la literatura es interminable; ahí está la maldición
y la gloria-
sabiendo que a fin de mes no habrá dinero
sabiendo que puede que nunca haya dinero
sabiendo
que tarde o temprano puede que llegue el momento de recoger el equipaje
y buscar otro agujero donde sobrevivir a toda costa
y un trabajo de mierda y ahí te las den todas
y seguir envejeciendo sin esperanza
mientras la familia sigue engordando y algunos comentan
“eso ya lo sabía yo. No podía acabar de otra manera”
a la hora del café
La tristeza es acabar por no querer absolutamente a nadie
excepto al perro
no soportar que nadie toque al timbre ni los ruidos
de la calle
ni los gritos de la imbécil de la vecina cuando sus hijos llegan del colegio
ni las conversaciones en los bares con gente que te considera
una especie de gloria local emergente
ni la mirada inquisitiva de algún guardia civil cuando te lo cruzas por la calle
o entras a comprar tabaco en el bar de la esquina
La tristeza son las moscas en el cajón de la arena del gato
o zumbando sobre el teclado del ordenador
o sobre el cadáver de la rata que te encuentras sobre la acera
al abrir la puerta para sacar la basura
y la carta de un editor diciéndote que se han vendido doscientos tres ejemplares
de tu último libro
y la conciencia de saber que al fin y al cabo
eres tú el responsable último de tu apuesta
y que la culpa de vivir en un país como España
no es tuya
Ah la tristeza
La tristeza
de no saber
a quién cojones
pegarle
un
tiro
cada vez
que te miras
al espejo
sábado, 12 de junio de 2010
THE DREAM IS OVER
Allá abajo fluye la cinta argentina, vibrátil, fresca, pura del río
entre rocas
a la sombra de los robles centenarios
mientras cae la tarde
mientras cae
la
tarde. Los ruiseñores
parecen entonar un canto póstumo.
Me costó tanto hallar un lugar en el mundo,
estos muros que alcé con mis propias manos
lejos de la locura,
tanto tiempo, tanta sangre en las cunetas
de las autopistas de peaje de la vida.
Me costó tanto encender la pura lumbre del hogar
sin convertirme en un pirómano,
criar a mi perro sin adiestrarlo para matar a policías y banqueros,
abogados e inspectores de hacienda,
médicos y ex amantes.
Me costó tanto convencer a mi mujer,
que ahora lee plácidamente un libro junto a la chimenea
de no tener hijos.
Me costó tanto escapar del desierto para siempre,
no mancharme las manos de sangre,
perder para siempre el pasaporte
y llenarme los bolsillos para el resto de mi vida
y verlas venir desde aquí, sentado
en una mecedora
mientras oigo a Bach por la radio.
Me costó tanto.
Ahora el viento trae voces de fantasmas,
y maldigo mientras veo que desde el horizonte,
inapelablemente y para siempre,
una nube de fuego compacto va tornando en cenizas toda vida.
Ha estallado la guerra.
La Humanidad imbécil se suicida.
Quedan horas para decidirse a coger la escopeta
y pegarse un tiro
antes de que nos alcance la radioactividad
y los pájaros callen para siempre.
Lo siento sobre todo por mi perro.
El resto me la suda.
entre rocas
a la sombra de los robles centenarios
mientras cae la tarde
mientras cae
la
tarde. Los ruiseñores
parecen entonar un canto póstumo.
Me costó tanto hallar un lugar en el mundo,
estos muros que alcé con mis propias manos
lejos de la locura,
tanto tiempo, tanta sangre en las cunetas
de las autopistas de peaje de la vida.
Me costó tanto encender la pura lumbre del hogar
sin convertirme en un pirómano,
criar a mi perro sin adiestrarlo para matar a policías y banqueros,
abogados e inspectores de hacienda,
médicos y ex amantes.
Me costó tanto convencer a mi mujer,
que ahora lee plácidamente un libro junto a la chimenea
de no tener hijos.
Me costó tanto escapar del desierto para siempre,
no mancharme las manos de sangre,
perder para siempre el pasaporte
y llenarme los bolsillos para el resto de mi vida
y verlas venir desde aquí, sentado
en una mecedora
mientras oigo a Bach por la radio.
Me costó tanto.
Ahora el viento trae voces de fantasmas,
y maldigo mientras veo que desde el horizonte,
inapelablemente y para siempre,
una nube de fuego compacto va tornando en cenizas toda vida.
Ha estallado la guerra.
La Humanidad imbécil se suicida.
Quedan horas para decidirse a coger la escopeta
y pegarse un tiro
antes de que nos alcance la radioactividad
y los pájaros callen para siempre.
Lo siento sobre todo por mi perro.
El resto me la suda.
miércoles, 9 de junio de 2010
BLUES DEL OUAD-EL-KHEBIR, O LOS BOTINES DE ANTE
...en la falsa moneda de la noche,
¿he buscado su brillo o he buscado su sombra?
VICENTE GALLEGO
Tú no andabas por aquellas calles, a la luz
crepuscular de las farolas y el ocaso sobre
la Torre del Oro, los
luminosos de la Plaza de Cuba
o el entredorado con palomas y vencejos y alondras
de la Giralda. No andabas con botines de ante
a la luz de los cafés y las tabernas
mientras a mí el alma
me crujía en un sopor de hojarasca irreductible,
en un aburrimiento de tablaos y sablazos
y pubs irlandeses,
de poetas mediocres
como geranios secos
y lumbreras de chichinabo y dame
diez mil que ahora vengo;
los patos
graznaban en los estanques
como el Perejil harto vino en su tascucho
donde se niega el pan al hambriento,
pero tú no estabas
por allí, con tu melena de peluquería
último modelo. El Chino
haciéndose porros en la penumbra de la plazuela
y las señoras desfilando relumbrantes
de pieles,
tal vez
tú también venías
del Corte Inglés.
Yo andaba en la tasca del anonimato
cincelando versos con las manos desnudas,
embadurnado de sangre, vino y boquerones
en vinagre
y poniéndole los cuernos a las musas
con mi propio reflejo
en el espejo desvencijado de un tigre que olía
como debe oler el coño de una bruja usurera.
No me estaba follando a mi modista,
ni regalándole pendientes a mi abuela,
ni siquiera contemporizando
con algún periodista de ojos de absenta y barba marbellí, sino
sacándole las tripas a la tarde
a base de dialéctica barata;
tú no estabas allí, no, tú
no estabas
ni siquiera al volante de un Mercedes último modelo
dejándote comer el coño
por algún famosete de revista.
Tú ni siquiera estabas en el mundo,
absorta en primaveras que alumbraban
a la orilla de un río de impostadas sonrisas.
¿he buscado su brillo o he buscado su sombra?
VICENTE GALLEGO
Tú no andabas por aquellas calles, a la luz
crepuscular de las farolas y el ocaso sobre
la Torre del Oro, los
luminosos de la Plaza de Cuba
o el entredorado con palomas y vencejos y alondras
de la Giralda. No andabas con botines de ante
a la luz de los cafés y las tabernas
mientras a mí el alma
me crujía en un sopor de hojarasca irreductible,
en un aburrimiento de tablaos y sablazos
y pubs irlandeses,
de poetas mediocres
como geranios secos
y lumbreras de chichinabo y dame
diez mil que ahora vengo;
los patos
graznaban en los estanques
como el Perejil harto vino en su tascucho
donde se niega el pan al hambriento,
pero tú no estabas
por allí, con tu melena de peluquería
último modelo. El Chino
haciéndose porros en la penumbra de la plazuela
y las señoras desfilando relumbrantes
de pieles,
tal vez
tú también venías
del Corte Inglés.
Yo andaba en la tasca del anonimato
cincelando versos con las manos desnudas,
embadurnado de sangre, vino y boquerones
en vinagre
y poniéndole los cuernos a las musas
con mi propio reflejo
en el espejo desvencijado de un tigre que olía
como debe oler el coño de una bruja usurera.
No me estaba follando a mi modista,
ni regalándole pendientes a mi abuela,
ni siquiera contemporizando
con algún periodista de ojos de absenta y barba marbellí, sino
sacándole las tripas a la tarde
a base de dialéctica barata;
tú no estabas allí, no, tú
no estabas
ni siquiera al volante de un Mercedes último modelo
dejándote comer el coño
por algún famosete de revista.
Tú ni siquiera estabas en el mundo,
absorta en primaveras que alumbraban
a la orilla de un río de impostadas sonrisas.
martes, 27 de abril de 2010
EN LA CASA DE PUTAS
En la casa de putas no soy nadie.
Hay overbooking de poetastros
y las botellas son las únicas musas,
y está
lloviendo
sin ganas
en este Sur de mierda del que soy inquilino.
Bajo mi sombrero, una sombra anónima.
Me han censurado hasta los anarquistas
de corbata y manzanilla, los que se
ganan la vida
escribiendo sevillanas. Y el cura
de la parroquia dice de mí
que en el fondo soy un buen
cristiano –Dios le conserve
el cristal de las gafas
y algunos billetes para ir al oculista-.
Noche de fin
de año. No hay un puto
trago de vino
en casa,
ni dinero, ni expectativas,
ni ganas de escuchar música,
ni de escribir,
ni de vivir, ni
siquiera
de salir a la calle
con una recortada
en plan Rey Mago Psicópata
y llevarle algo de felicidad
a la buena gente. Soy una nube
de tormenta
bajo la camisa roja,
un cabreo metafísico. Mi mujer
está jodida,
con resaca, hecha un trapo
neurótico, insomne,
la casa apesta a lejía
y sigue habiendo mugre en los rincones.
Me duele una rodilla
y van dos pancreatitis en mi cuenta.
Somos de ilustre cuna, dignos
de figurar en el ABC
como familia modelo
o de ser canonizados en vida.
De modo, que como puede usted suponer,
querido lector,
a estas alturas de la tormenta,
me importa tres cojones, dos pollas y un Te Deum
lo que puedan pensar de mí
los críticos-maruja
y no doy un duro
por los buenos propósitos
de fin
de año. No doy un duro
ni por este planeta,
ni por las llamas del purgatorio,
ni por cada palabra
que llevo escrita,
ni por el amor, esa estafa
de nervios destrozados
en la que siempre acaban perdiéndose las fotos y los libros.
Por mí como si reventamos mañana.
Para qué preocuparse,
si hay una puta en cada esquina
y el resto es previsible, anodino,
tedioso, circular.
No hay ni una uva con la que atragantarse,
las horas se derraman lentas como esperma de velas
y no hay nada más bello que ese gato persa
que duerme indiferente
en la tarde de lluvia de fin de año
y la luz demorada en las farolas
de esas calles que, como todo en la vida,
no llevan a ningún sitio
fuera del hoyo lleno de gusanos,
al olvido, al asco y al silencio.
Hay overbooking de poetastros
y las botellas son las únicas musas,
y está
lloviendo
sin ganas
en este Sur de mierda del que soy inquilino.
Bajo mi sombrero, una sombra anónima.
Me han censurado hasta los anarquistas
de corbata y manzanilla, los que se
ganan la vida
escribiendo sevillanas. Y el cura
de la parroquia dice de mí
que en el fondo soy un buen
cristiano –Dios le conserve
el cristal de las gafas
y algunos billetes para ir al oculista-.
Noche de fin
de año. No hay un puto
trago de vino
en casa,
ni dinero, ni expectativas,
ni ganas de escuchar música,
ni de escribir,
ni de vivir, ni
siquiera
de salir a la calle
con una recortada
en plan Rey Mago Psicópata
y llevarle algo de felicidad
a la buena gente. Soy una nube
de tormenta
bajo la camisa roja,
un cabreo metafísico. Mi mujer
está jodida,
con resaca, hecha un trapo
neurótico, insomne,
la casa apesta a lejía
y sigue habiendo mugre en los rincones.
Me duele una rodilla
y van dos pancreatitis en mi cuenta.
Somos de ilustre cuna, dignos
de figurar en el ABC
como familia modelo
o de ser canonizados en vida.
De modo, que como puede usted suponer,
querido lector,
a estas alturas de la tormenta,
me importa tres cojones, dos pollas y un Te Deum
lo que puedan pensar de mí
los críticos-maruja
y no doy un duro
por los buenos propósitos
de fin
de año. No doy un duro
ni por este planeta,
ni por las llamas del purgatorio,
ni por cada palabra
que llevo escrita,
ni por el amor, esa estafa
de nervios destrozados
en la que siempre acaban perdiéndose las fotos y los libros.
Por mí como si reventamos mañana.
Para qué preocuparse,
si hay una puta en cada esquina
y el resto es previsible, anodino,
tedioso, circular.
No hay ni una uva con la que atragantarse,
las horas se derraman lentas como esperma de velas
y no hay nada más bello que ese gato persa
que duerme indiferente
en la tarde de lluvia de fin de año
y la luz demorada en las farolas
de esas calles que, como todo en la vida,
no llevan a ningún sitio
fuera del hoyo lleno de gusanos,
al olvido, al asco y al silencio.
jueves, 25 de febrero de 2010
MISERERE MEI
A Leonard Cohen
A qué huelen las rosas del reencuentro
si vienen de las manos ávidas del olvido,
a qué la primavera que se arrastra
sobre el cadáver mudo
de una mujer que fue la primavera
celando el sol con nubes de cemento.
A qué vienen oscuras golondrinas
en mis ruinas nidos a posar
si ya no queda calle a que asomarse,
alzadas contra el cielo
espadañas quemadas por el rayo.
Qué Córdoba lejana o Granada llorosa
vienen a empenacharme los geranios,
si está cerrado el libro del anhelo
como anónimo nicho
a la sombra de anónimos cipreses.
No queda nada ya, excepto oraciones
musitadas con voz muy temblorosa
en capillas de velas titilantes,
entre el incienso triste de las beatas
y la luz fatigada en las vidrieras
de la iglesia mohosa
mientras notas de órgano resuenan
en la bóveda rota del insomnio.
Llueve en el cementerio
como en mi corazón de niebla invicta
poblado de hojas secas.
Lágrimas de metralla,
piedad de blancas manos,
la mañana de marzo densa de ecos,
la nieve: ese sudario
que hemos de compartir sin apellidos
cuando tañan a muerto las campanas.
Rasga un violín la densidad inerte
de la calle afanosa. Dos monedas
a cambio de un Corelli
que derrita la escarcha de mi alma.
Dos monedas por Mozart luminoso.
Dos monedas por Bach y su ternura.
Dos monedas sobre mis ojos ciegos
a la alegría errante e insumisa
de Perséfone huida del Averno.
A qué huelen las rosas del reencuentro
si vienen de las manos ávidas del olvido,
a qué la primavera que se arrastra
sobre el cadáver mudo
de una mujer que fue la primavera
celando el sol con nubes de cemento.
A qué vienen oscuras golondrinas
en mis ruinas nidos a posar
si ya no queda calle a que asomarse,
alzadas contra el cielo
espadañas quemadas por el rayo.
Qué Córdoba lejana o Granada llorosa
vienen a empenacharme los geranios,
si está cerrado el libro del anhelo
como anónimo nicho
a la sombra de anónimos cipreses.
No queda nada ya, excepto oraciones
musitadas con voz muy temblorosa
en capillas de velas titilantes,
entre el incienso triste de las beatas
y la luz fatigada en las vidrieras
de la iglesia mohosa
mientras notas de órgano resuenan
en la bóveda rota del insomnio.
Llueve en el cementerio
como en mi corazón de niebla invicta
poblado de hojas secas.
Lágrimas de metralla,
piedad de blancas manos,
la mañana de marzo densa de ecos,
la nieve: ese sudario
que hemos de compartir sin apellidos
cuando tañan a muerto las campanas.
Rasga un violín la densidad inerte
de la calle afanosa. Dos monedas
a cambio de un Corelli
que derrita la escarcha de mi alma.
Dos monedas por Mozart luminoso.
Dos monedas por Bach y su ternura.
Dos monedas sobre mis ojos ciegos
a la alegría errante e insumisa
de Perséfone huida del Averno.
lunes, 25 de enero de 2010
KOTIÖNAK
Maullando si no está a mesa y mantel,
mercenario aristócrata y gatuno,
felix que no me cabe en el papel,
cosa que cena cuando desayuno,
lamiéndose al desgaire un cataplín,
fraile laico de esta bendita casa,
me alegras a mi Ángela, Merlín,
bichuchillo, pasota, pura guasa.
Que el cielo te conceda cien harenes,
que tienes en los ojos más respuestas
que ese cuadro que yo me sé del Bosco,
y salmón y caviar para que cenes
con cien gatas mimosas y dispuestas,
ya que en vida no te has comido un rosco.
mercenario aristócrata y gatuno,
felix que no me cabe en el papel,
cosa que cena cuando desayuno,
lamiéndose al desgaire un cataplín,
fraile laico de esta bendita casa,
me alegras a mi Ángela, Merlín,
bichuchillo, pasota, pura guasa.
Que el cielo te conceda cien harenes,
que tienes en los ojos más respuestas
que ese cuadro que yo me sé del Bosco,
y salmón y caviar para que cenes
con cien gatas mimosas y dispuestas,
ya que en vida no te has comido un rosco.
ELSA PATAKY
Me llega la chorra hasta el techo Esos
ojos azules felinos atrapadores Esa
cascada rubia interminable
como una noche de champagne por
Madrid, esas piernas
inacabables como la Odisea
de Homero, seda y lluvia, dan
ganas de llorar contra su vientre
lágrimas enredadas en su pubis, flor
perfecta de lo imposible, bragas húmedas
como los árboles de Phoenix Park
cuando sopla el viento canalla
del Atlántico, pies que besar, la perfección
floral de sus labios Uno se imagina
su perfume, se la imagina abierta de piernas, el coño
invitador, persuasivo como la locura
de la luna, se imagina músicas
como la de su voz, la ve lamiendo
lentamente
con fruición un helado de chocolate
que se derrite, se la imagina
gimiendo
al besarle
la flor de la demencia que late
entre sus piernas, los pechos
perfectos como
el cielo contra el perfil
nevado de las montañas, su culo
frutal, definitivo, irrebatible,
se la imagina llena de semen, chorreando,
los ojos muy abiertos, enturbiados por el
deseo como las aguas
de la bahía
de Galway La mano de Dios
es caprichosa Esta mujer perfecta
como un verso de Shakespeare
sus manos untadas en aceite
acariciando una verga
a punto de estallar
como el resto de este podrido mundo
que no merece semejante
canto a la belleza Piernas interminables
como el lúbrico tedio
de verla por televisión en revistas en fotos
en carteles publicitarios
entre el tráfago callejero
y nosotros, pobres poetas,
pobres poetas,
maestros de ceremonias
de una anónima celebración
onanista
ojos azules felinos atrapadores Esa
cascada rubia interminable
como una noche de champagne por
Madrid, esas piernas
inacabables como la Odisea
de Homero, seda y lluvia, dan
ganas de llorar contra su vientre
lágrimas enredadas en su pubis, flor
perfecta de lo imposible, bragas húmedas
como los árboles de Phoenix Park
cuando sopla el viento canalla
del Atlántico, pies que besar, la perfección
floral de sus labios Uno se imagina
su perfume, se la imagina abierta de piernas, el coño
invitador, persuasivo como la locura
de la luna, se imagina músicas
como la de su voz, la ve lamiendo
lentamente
con fruición un helado de chocolate
que se derrite, se la imagina
gimiendo
al besarle
la flor de la demencia que late
entre sus piernas, los pechos
perfectos como
el cielo contra el perfil
nevado de las montañas, su culo
frutal, definitivo, irrebatible,
se la imagina llena de semen, chorreando,
los ojos muy abiertos, enturbiados por el
deseo como las aguas
de la bahía
de Galway La mano de Dios
es caprichosa Esta mujer perfecta
como un verso de Shakespeare
sus manos untadas en aceite
acariciando una verga
a punto de estallar
como el resto de este podrido mundo
que no merece semejante
canto a la belleza Piernas interminables
como el lúbrico tedio
de verla por televisión en revistas en fotos
en carteles publicitarios
entre el tráfago callejero
y nosotros, pobres poetas,
pobres poetas,
maestros de ceremonias
de una anónima celebración
onanista
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